Historia



                                                                      “Tributen gloria a tu grande Nombre,
                                                                       por cuanto él es terrible y santo”.
                                                                                                           [Sal 99 (98), 3]



En el año 1595, un puñado de pontanos decidieron agruparse en torno a una imagen de Jesús con la cruz al hombro y rendirle culto, fundando la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cuyo actual titular, probablemente del año 1622, es una bella imagen de talla completa, realizada en madera de pino y policromada, imagen concebida para vestir y hasta la presente de autor desconocido, pues no se ha descubierto el documento que acredite la autoría. Los expertos que han estudiado la imagen de Jesús Nazareno la adscriben a talleres granadinos de la escuela de Pablo de Rojas o a algún escultor formado en los mismos, como el accitano afincado en Córdoba, Pedro Freila de Guevara. La imagen es de estilo manierista, aunque con incipientes rasgos barrocos.

La progresiva asimilación por parte de la población de este tipo de asociaciones religiosas de fieles, impulsadas desde la propia jerarquía por su alto valor catequético sobre las masas ignorantes y como respuesta contundente a la Reforma protestante, dio lugar a la fundación de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la antigua Puente de Don Gonzalo, dirigiendo los fines y esfuerzos de la misma en pro de sus hermanos más desfavorecidos y en mutuo beneficio, traducido bien en obras de caridad, tales como el entierro de pobres o la aplicación de misas por los hermanos difuntos; o en otras de tipo asistencial, como podía ser la visita y atención de enfermos. Pero sobre todo, la hermandad tendrá, como una de sus principales finalidades, rendir culto privado y preferentemente público a esta nazarena advocación presente en la mente de aquellos pontanos que un día cualquiera de aquel año de 1595, se juntaron, seguramente en la ermita del señor San Cristóbal y decidieron asociarse para fundar una confraternidad que en adelante les hermanara en torno al Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, queriendo con ello rememorar el pasaje de su pasión que transcurre desde su salida del Pretorio, camino del Calvario, hasta su crucifixión

         Pensemos que a finales del siglo XVI, la ermita de San Cristóbal se encontraba en las afueras, en mitad del campo y además ocupando una situación prominente y dominante con respecto al casco urbano. Esta ubicación debió parecer ideal a aquellos que intentaban simular la Vía Sacra, comparando este montículo con el monte Calvario al que debían llegar tras salir de su particular Jerusalén a orillas del río Genil.

A falta de documentos que refuten inequívocamente la fecha exacta de fundación de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Puente Genil, habremos de fijar la misma en el año 1595, como fecha comúnmente aceptada desde nuestro más antiguo apunte histórico, hasta los más recientes trabajos de quienes han escrito sobre la historia local, que bebiendo de la primera fuente, han seguido dándola por buena; aunque debemos señalar que algún autor, creemos que erróneamente, constata la fundación treinta años antes, es decir, en 1565.

Fundada la corporación -de la que no conocemos sus primeras reglas- y fijada la residencia, había que contar con algo esencial: la imagen del titular. Aunque se aventura la hipótesis de que existió otra imagen anterior a la actual, la creemos de escaso fundamento por cuanto no se tienen noticias de que ya existiera en la citada ermita al constituirse la hermandad, ni parece lógico que ésta, incipiente  y seguramente de escaso relieve y cortos medios en sus comienzos, habiéndola encargado, decidiera sustituirla en tan corto lapso de tiempo. En el libro de la hermandad que arranca del año 1640 -cabe pensar que con toda seguridad existió otro anterior que partiera de la fundación-, ya se nos habla de la imagen de Jesús Nazareno que hoy conocemos; talla de vestir y articulada que ha venido siendo atribuida, en distintas épocas, a escultores y círculos dispares, tanto de las escuelas sevillana como granadina, ya que, desgraciadamente, no ha llegado hasta nosotros la identidad de su autor, que aunque no fuera figura de primer orden, merece por parte de nuestro pueblo tanto o mayor reconocimiento y los más altos honores que se le pudieran dispensar al más prestigioso de los artistas, por haber contribuido con su gubia y pinceles, a regalarnos la fe, la esperanza y la admiración por esa imagen de Dios hecho Hombre en madera a tantas generaciones de pontaneses como han grabado su amor en cada una de sus astillas, depositado tantos ruegos, lágrimas y súplicas junto a la Cruz que soporta su hombro bendito y recibido, a cambio, tantos favores y gracias por conducto del poder terrible de su cautivadora mirada.

Cuando se funda la Cofradía, el florentino Ippolito Aldobrandini gobernaba desde 1592 la barca de San Pedro con el nombre de Clemente VIII; en Córdoba, el obispo Pedro Portocarrero, ocupaba desde 1593 la silla de Osio; mientras que en la Puente de Don Gonzalo regía la Parroquia, desde 1591, el Vicario Antonio Lucena y Ríos y era Alcaide de la Villa, desde 1592, el Iltre. Sr. Ldo. Fernando Bracamonte, con poderes en las jurisdicciones civil, criminal y militar.

       Desde un principio la devoción a Jesús, al que se le atribuían grandes gracias y favores, se extendió rápidamente por toda la comarca originando un crecimiento continuo que repercutirá en su ermita y ajuar. Es una constante reflejada en los libros que conservamos la entrega de numerosos donativos en especie de toda clase ofrendados por los lugareños de la Villa, así como de muchos vecinos de los pueblos de alrededor a los que atrae la fama milagrosa de la imagen de Jesús Nazareno obligando a la Cofradía, ya en los primeros años, a levantar una hospedería y un hospital junto a la ermita, convertida en un pequeño santuario de peregrinación. Pronto el auge y devoción a Jesús Nazareno situará a la cofradía por delante de otras existentes, al empezar a considerarlo la población como patrón en la Villa, equiparándose a la cofradía de la patrona de aquel entonces, Nuestra Señora del Rosario. Sólo señalar que esta corporación nazarena ve acrecentado su patrimonio y número de hermanos a lo largo del tiempo, prueba de ello el nacimiento en 1664 de la Hermandad de Las Cien Luces de Jesús Nazareno, que se integra con reglas propias dentro de la cofradía y cuyo único objetivo será alumbrar con hachas encendidas y arropar a tan venerada imagen en su estación penitencial. La fe sencilla de las gentes se refugia y se siente reflejada, cada vez más, en el espejo de este Jesús sufriente y sangrante, pero a la vez de mirada consoladora, al que suplican les libro no sólo de las enfermedades del alma y del cuerpo, sino además, de las guerras, epidemias y sequías que continuamente padecen, y que asolarán la Villa en los siglos XVII y XVIII, por lo que las salidas extraordinarias de la imagen de Jesús Nazareno para invocar su protección y ayuda ante todas estas calamidades, serán frecuentes y dan testimonio de la fe que el pueblo ha depositado en su imagen desde muy antiguo. El auge de la devoción hacia Nuestro Padre Jesús Nazareno desplazará en poco tiempo al titular de la ermita, San Cristobal, que perderá dicha titularidad en beneficio del Nazareno, quedando su Cofradía como única titular de la ermita santuario hasta el año 1956 en que fue erigida parroquia, es decir, que la Cofradía, durante trescientos sesenta años, atendió al culto, conservó, agrandó, decoró ý reconstruyó a sus solas expensas esta iglesia, con la que sigue colaborando estrechamente, y que supo convertir desde muy temprano en referencia ineludible de la fe de Puente Genil.


Esta creciente importancia devocional, se refleja, como ya hemos comentado, en un aumento de las donaciones, adquisición de enseres y nómina de hermanos, los cuales consolidan una hermandad que se hace atractiva para el común del pueblo, tanto más cuanto a ella se vinculan miembros de las más influyentes familias, por lo que pertenecer a la misma imprimirá un sello de prestigio y redundará, consiguientemente, en un aumento progresivo de hermanos y patrimonio. Incluso alguno de los oficios desempeñados por los hermanos, como el de bastonero o portador de las andas de Jesús, se convertirá en hereditario, limitándose el número de familias que podían detentar tal privilegio, que se pasará de padres a hijos.

Con el crecimiento de la hermandad, la pequeña ermita construida en 1590 sufrirá a lo largo del tiempo toda una serie de reformas y ampliaciones destinadas a dignificarla y engrandecerla, hasta convertirla en el hermoso santuario actual. El relumbre adquirido se dejará entrever también  en el deseo de representar personajes vinculados a este pasaje de la vida del Nazareno, y así, a lo largo del tiempo, surgen no sólo nuestras primeras figuras bíblicas, nacidas bajo el auspicio y pertenecientes a la Hermandad de Jesús Nazareno -ya aparecen documentadas en 1660-, sino que el efecto doctrinal y plástico de la escenificación pasionista se completará con las imágenes de la santa mujer Verónica, María Magdalena y San Juan, el discípulo amado y, como no podía faltar, la de la Madre de Jesús, que traspasada de dolor habría de acompañarle hasta su muerte en la Cruz. La Cofradía llegará a ser titular hasta de dos imágenes de Virgen, una para procesionar en Semana Santa y otra imagen de Gloria que recibirán a lo largo del tiempo los títulos de Nuestra Señora de la Guía, de la Soledad y finalmente, de los Dolores.

         Se puede decir, por tanto, que nuestro Viernes Santo adquiere carta de naturaleza gracias a la Cofradía de Jesús Nazareno, en base a este amplio y vistoso cortejo, cuyos preparativos y gastos corren, desde un principio, exclusivamente por cuenta de la Cofradía que,m en este día, sacará un paso por cada una de las imágenes aludidas, enriqueciendo la carrera con al representación de fariseos, profetas, apóstoles, evangelistas, sibilas, ángeles y un largo etcétera de las hoy, universalmente conocidas, figuras bíblicas, que no se dieron en ninguna de las cofradías existentes con más antigüedad que la nuestra, ni tampoco en las cofradía que se crearon posteriormente a ella, por loo que el mérito de las introducción de las figuras bíblicas en nuestra Semana Santa corresponde exclusivamente a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Será mucho más tarde, con la constitución de hermandades independientes en torno a las imágenes secundarias mencionadas y la jerarquización de los días sacros, cuando aparezca la figura de la cofradía matriz, generalmente la más antigua o importante de ese día, bajo cuya sombra se cobijarán las restantes de menor entidad. Pro tanto la de Jesús Nazareno se convertirá en la cofradía matriz del Viernes Santo de mañana. El término "cofradía", para denominar a la asociación, comenzará a utilizarse bien pronto y así lo veremos ya reflejado en los primeros documentos que de la misma se conservan y que se remontan al año 1640.


Desde el siglo XVIII la cofradía de Jesús Nazareno se distancia considerablemente del resto alcanzando gran influencia y poder de convocatoria. Curiosamente, también será la primera Cofradía pontanesa que rija una mujer, fruto de la elección en 1814 de Dª  María de la Concepción Cosano como Cofrade Mayor, único caso conocido en la historia de las cofradías penitenciales pontanas. Será  en esta nueva centuria cuando la cofradía alcance su mayor relieve, emparejada su ascensión a la del propio pueblo, que crece en importancia tras su unión en 1834 con el sevillano lugar de Miragenil y el despegue demográfico e industrial que va a comenzar a experimentar a finales de este siglo XIX.

           El nombramiento como "cofrades" de Jesús Nazareno del matrimonio compuesto por los destacados hacendados Don José Atanasio de Rivas y Gálvez y su esposa Dª Gonzala de Zafra y Carbajales de San Román, va a significar otro empuje importante para la Cofradía y para el santuario, que sufrió diversas obras durante su mandato. Ellos son los responsables, entre otras cosas, del otorgamiento del título pontificio, verificado en un curioso viaje que la tradición oral nos ha legado cargado de detalles. Al permitírselo su más que desahogada posición económica, inciarán en 1840 una inusual romería -en un principio sólo eran llamados romeros los que peregrinaban a Roma- si tenemos en cuenta el estado y peligro de los caminos de entonces. Baste señalar que el viaje desde que salieron del recién fusionado Puente Genil hasta que llegaron a la ciudad eterna, incluyendo el retorno, les llevó más de tres meses, recorriendo en su periplo toda la costa levantina española, el sur de Francia y la mitad de los estados italianos. El 22 de Mayo de 1840 fue extendida una bula por mandato de Su Santidad Gregorio XVI, por la que concedía a la Cofradía de Jesús Nazareno todas las prerrogativas ya concedidas a la que del mismo nombre radicaba en la basílica de Santa Elena de Roma - Santa Cruz de Jerusalén.

           La Cofradía a lo largo del tiempo fue acumulando honores y distinciones provenientes bien desde el poder eclesiástico, bien desde el civil. A nivel eclesiástico fueron numerosos las gracias espirituales e indulgencias concedidas por diversos prelados. Uno de los títulos más importantes que se sumarán al titular de la Cofradía será el de Patrón de Puente Genil.


Jesús Nazareno tiene el reconocimiento de Patrón de Puente Genil desde tiempo inmemorial pues desde antiguo el pueblo lo reconoció como tal por sus muchos favores, milagros y gracias a Él atribuidos por su mediación, pero además, para que constase oficialmente este reconocimiento que el pueblo le había otorgado ya desde hacía muchas generaciones, se elevó solicitud al Obispo de Córdoba para su ratificación. La solicitud, dirigida el 24 de diciembre de 1877 al Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de la época, Fray Ceferino González y Díaz Tuñón, por el excelentísimo Ayuntamiento en pleno, la totalidad del clero de la Villa, de las cofradías de Jesús Nazareno y de la Purísima y de una representación de los vecinos, obtuvo positiva acogida en el prelado cordobés quien con fecha 20 de enero de 1878, accedía a la petición de nombrar patrón de Puente Genil a Nuestro Padre Jesús Nazareno, confirmando también, por ese mismo decreto, a la Purísima como patrona.

Desde siempre fue sentir unánime de los pontaneses aclamar y vitorear a Jesús Nazareno como Patrón de la Villa, correspondiendo así a los incontables favores atribuidos por su divina mediación y a tantas gracias derramadas sobre esta tierra y sus moradores. Título indiscutible con el que se le ha querido designar y distinguir desde muy antiguo y que aparece repetido profusamente en actas y documentos de lo más variado.

Y si cupiera alguna duda sobre si Jesús Nazareno es el Patrón de Puente Genil sólo queda observar la peregrinación diaria de fieles a su ermita-santuario, así como no se verá un domicilio de nuestro pueblo donde falte una pintura, fotografía o estampa del Terrible, o como prueba irrefutable, ver las lápidas de nuestro campo santo que responderán por sí solas de la esperanza de los que aguardan la resurrección del final de los tiempos y que anuncian calladamente que el Nazareno es Patrón de vivos y muertos.

En el plano civil, la cofradía también contó con el favor real. Vemos como en el cabildo general de 3 de Mayo de 1.897, día de la Santa Cruz, se acuerda, por unanimidad, nombrar Hermano Mayor Honorario de la Cofradía a Su Majestad el Rey D. Alfonso XIII.

A partir de la fecha mencionada se comenzará a asociar la palabra Real al nombre de la Cofradía y con cada vez mayor frecuencia, sobre todo a partir de la Guerra Civil, la veremos encabezando todas las manifestaciones escritas de la Hermandad junto con el título de Pontificia. Será en aquel momento cuando se diseñe el escudo de la Hermandad, Su descripción, tal y como nos ha llegado, sería la siguiente: Escudo formado por dos óvalos acolados por su cara interna inferior. En el diestro cruz arbórea sostenida al pie por corona de espinas montando sobre el hisopo y la lanza que se cruzan en aspa, todo ello en oro sobre campo de azur. Timbra el óvalo la tiara pontificia. En el siniestro se representan las armas de Castilla y León, en forma cuartelada: en el primero y cuarto cuartel en campo de gules un castillo de oro; en el segundo y tercer cuartel, en campo de sinople un león rampante de oro y sobre todo, en el corazón, las armas de Borbón: en campo de plata tres flores de lis en oro. Este óvalo está timbrado por la corona real. En el centro superior por encima de los dos escudos el anagrama Jesús-Hombre-Salvador (JHS) en caracteres góticos.

A estos honores se sumará la entrega del fajín, bastón y condecoraciones del Gobernador de la provincia, general Antonio Castejón Espinosa, donados el Viernes Santo de 1953, así como numerosas condecoraciones y medallas de foráneos e hijos de Puente Genil y de numerosas Corporaciones Bíblicas que han querido rendir a lo largo del tiempo un tributo de amor y devoción a nuestro Terrible y que su Cofradía custodia celosamente como privilegiada depositaria de toda esta fe en Jesús Nazareno.

La devoción a Jesús Nazareno traspasa el ámbito estricto de la fe y sustentada en ella, se plasma hasta en lo más cotidiano y se extiendo a las más variadas expresiones artísticas que, a lo largo de siglos, se han puesto al servicio del Terrible y  han desbordado incluso a la popia cofradía para convertirse en la ofrenda interminable y el testimonio inmarcesible de tantos pontaneses que con su entendimiento y saber han ido construyendo como sólido edificio, un hermoso y gigantesco himno de alabanza a la mayor gloria del Hijo de Dios y Patrón de Puente Genil.


Es de todos conocido el sobrenombre por el que se conoce a la imagen de Jesús Nazareno de Puente Genil. Para los hijos de esta tierra e incluso para cualquier forastero que nos conozca mínimamente, decir Jesús Nazareno es decir “El Terrible”. El adjetivo se convierte en sustantivo cambiando por completo su significad0.


          ¡Cuánto ha dado que hablar este término tan popular y querido en Puente Genil! ¿De dónde le viene a Jesús Nazareno este sobrenombre? Una explicación rápida y evidente señala directamente a su rostro y concretamente a su mirada, a ese mirar que hacía preguntarse al Padre Alejandro Rojas en su precioso soneto Al Rostro del Nazareno:



¿Qué buscan esos ojos, Nazareno
el alma en sus pupilas asomada?
Es que va tras la oveja descarriada
el eterno mirar del Pastor bueno.

Abrirse de tu boca quiere el seno
y un silbido lanzar por la hondonada,
reclamo pastoral de la manada
al redil de tu amor y pasto lleno.


¿Quién tallara esa faz, Cristo pontano,
maravilla que el hombre no soñara…?

Aquel que con un arte sobrehumano,
en un lienzo sus rasgos dibujara,
fue sacando del leño con su mano
el milagro divino de esa cara.


Verdaderamente, como dice la letra de su himno: Imán es tu mirada que nos atrae… ¿Tenemos ahí la respuesta? Probablemente en un gran porcentaje. Pero también Terrible al soportar con amor y resignación la pesada carga de la Cruz y el peso de nuestros pecados, Terrible por su poder y gloria, Terrible por la manera de atrapar la voluntad y el cariño más encendido de su pueblo. Terrible es su mirada, su Imagen toda que nos subyuga, que nos doblega, que nos enamora, que incita al perdón y a la reconciliación con el hermano, que nos invita a hablarle y suplicarle, aunque a veces nos cueste mantenerle la vista y mirarle cara a cara por mucho tiempo. Terrible en boca de un pontanés conlleva una carga tremenda de entrañable familiaridad.



Pero tras esta posible aproximación -que podría pensarse suficiente-, cabría inquirir todavía si hay una explicación más “científica” y no tan apasionada para intitular como Terrible a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Los textos sagrados llegan en nuestro auxilio por medio de los Salmos y quizá acertemos al conjeturar, como teoría perfectamente factible, que fueron personas -seguramente hermanos de la Cofradía-, con amplio conocimiento y formación religiosa –o tal vez algún sacerdote- quienes rescataron el término que luego trascendió y caló rápidamente en una inmensa mayoría.



Los Salmos -150 en total- son un conjunto de oraciones que conforman el libro más extenso de la Biblia, El Libro de los Salmos, que en hebreo, lengua en que fue escrito, recibe el nombre de Tehil-lim, es decir: himnos, alabanzas. Los Salmos, que son poesía, nacieron para ser cantados. La liturgia recurre constantemente a los salmos, tanto en la celebración de la Eucaristía como en la Liturgia de las Horas. Sus estrofas son las que se recitan comunitariamente como salmo responsorial después de la primera lectura de la misa.

Hay varias traducciones, no coincidentes, de los Salmos, dependiendo de que su traducción al español se haya hecho desde la traducción latina (Vulgata), que para este trabajo transcribimos en letra normal, o directamente de los textos hebreos, que se incorporan, para diferenciarlos, en letra cursiva. Desechando los que presentan alguna duda con relación a nuestro propósito nos centraremos sólo en dos donde parece haber unanimidad para designar a Dios -de entre los muchos nombres con que se le invoca a lo largo del Libro de los Salmos-, concretamente, como Terrible. También se tiene en cuenta la doble numeración de los Salmos. La numeración normal recoge el orden establecido en los textos hebreos y entre paréntesis la numeración dada por la traducción latina.



El salmo 76 (75) es un oráculo emitido por sacerdotes o profetas, posiblemente, en el Templo y en él, según la traducción del Obispo de Astorga: “Jerusalén, triunfante de Sennaquerib y de sus ejércitos, ensalza el poder y la justicia de Dios. Se representan en este salmo los triunfos de la Iglesia sobre sus enemigos”. Extractemos del mismo lo siguiente:



 Terrible eres tú ¡oh Señor! y quien

podrá resistirte a ti desde el momento

de tu ira?..

 al Dios terrible, al que quita el

aliento a los príncipes, al terrible para

los reyes de la tierra.



 Tú, tu el Terrible, ¿quién podrá resistir

ante tu faz, bajo el golpe de tu ira?…

 Haced votos y cumplidlos a Yahveh, vuestro Dios,

los que le rodean traigan presentes al Terrible;…



Del Salmo 89 (88), que comienza con un himno, prosigue con un oráculo y termina con una lamentación, la Vulgata nos orienta sobre su significado y, a modo introductorio, nos dice: “El reino de David perpetuado para siempre en su descendiente el Mesías; de cuya pasión y muerte habla el profeta, y por cuya venida ruega a Dios”. Veamos las dos versiones.



 Porque, ¿quién hay en los cielos,

que pueda igualarse con el Señor?;

¿quién entre los hijos de Dios es semejante a él?

 ¿a Dios, al cual ensalza y glorifica

toda la corte de los santos, grande y terrible

sobre todos los que asisten en torno de él?



 Porque ¿quién en las nubes es comparable a Yahveh,

quién a Yahveh se iguala entre los hijos de los dioses?

 Dios temible en el consejo de los santos,

grande y terrible para toda su corte.



Estos, en resumen, son los nombres, los títulos, el aval de la Pontificia y Real Cofradía y Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Patrón de Puente Genil, destinataria y depositaria de la cuantiosa herencia -tan rica en matices- de nuestros mayores y continuadora del extraordinario legado espiritual y temporal reunido, conservado y transmitido a lo largo de estos cuatrocientos dieciocho años de existencia y que se ha visto acrecentado en cada Quinario, en cada Viernes Santo, en cada Diana, en cada visita a su santuario, en cada patente milagro, con cada curación y con cada gracia recibida, con cada promesa o manda, con cada toque de su campanita, con cada ofrenda…



Preciosa dote fortalecida merced a las súplicas, rogativas, lágrimas, besos, oraciones, desprendimiento, gratitud, amor y fe que, inagotables, día tras día, generación tras generación, en todo momento, sin interrupción ni desmayo, han ido depositando a los pies del Terrible no sólo los que fueron y son sus leales y entregados cofrades que siempre velaron y siguen perseverando para que el amor a Jesús Nazareno no decaiga nunca y les sirva de faro, norte y guía en este mundo, así como de seguro camino, verdad y auténtica vida en su cristiano peregrinar hacia la casa del Padre; sino también todo el pueblo de Puente Genil que, al unísono y a pesar de los avatares históricos, ha centrado siempre su devoción y seguirá vibrando, confiadamente y lleno de esperanza, con la imagen bendita de Jesús Nazareno.



Por su historia de más de cuatro siglos, por la fe y devoción que los pontaneses sienten por su titular y por la trayectoria rica e ininterrumpida en y para Puente Genil, con su aporte indiscutible y extraordinario a los valores, tradiciones y a la Semana Santa que nos distinguen e identifican como pueblo, la Pontificia y Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno ha sido distinguida por el Excelentísimo Ayuntamiento de Puente Genil, con fecha 8 de marzo de 2013, con  la Medalla de Oro de la Villa, honor que se suma al ya recibido con fecha 28 de enero de 2013, cuando se le concedió, por parte de la misma institución, el título honorífico de Alcalde Perpetuo de la ciudad a Nuestro Padre Jesús Nazareno, como reconocimiento a la enorme devoción que una inmensa mayoría de pontaneses sienten hacia la imagen del Terrible, como lo prueba el que la misma se haya transmitido y acrecentado a lo largo de muchas generaciones, concitando en la actualidad no sólo el mayor testimonio de fe de nuestro pueblo, sino un importante papel aglutinador en torno a nuestras fiestas y tradiciones y de cohesión social de primer orden.

Francisco Javier Reina Jiménez 








1-VARIOS AUTORES. Cofradía de Jesús Nazareno. La Influencia histórico-artísitica del Terrible. 1595-Puente Genil-2003.

2. PÉREZ DE SILES Y PRADO, Agustín y AGUILAR Y CANO, Antonio: Apuntes históricos de la Villa de Puente Genil. Sevilla, 1874. Edición facsímil: Córdoba, 1984, p. 326

3. LUQUE REQUEREY, José: Antropología Cultural Andaluza. El Viernes Santo al Sur de Córdoba. Córdoba, 1980.

4. PÉREZ DE SILES Y PRADO, A. y AGUILAR Y CANO, A.: op. cit., pág.324.

5. JIMÉNEZ RODRÍGUEZ, José Segundo: Antropología cultural de Puente-Genil II. Primera parte. La Cofradía de Jesús Nazareno. Colección Anzur. Vol. XXII. Puente Genil, 1986, p.119. “Al tomarle cuenta al licenciado Antonio de Alfaro el día 3 de julio de 1640, se titula mayordomo de Jesús Nazareno y Cofradía del Señor San Cristóbal”.

6. Agradezco los datos facilitados por su descendiente D. Juan Enrique Aguilar Ariza.

8. ARCHIVO DE LA COFRADÍA DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO (A.N.P.J.N). Libro de Actas 1863-1974, f. 254. “Por el hermano Secretario D. Manuel Reina Iglesias fué presentada la propocición  de nombrar Hermano Mayor honorario á S.M. El Rey D. Alfonso XIII y siendo acojida con muestras generales de aprovacion la propocición del hermano Reina, resultó unánime la elección de Hermano Mayor honorario á favor del augusto personaje”.

9-  Véase BARTOLINI, J.: Conocer y rezar los Salmos. Colección Caminos. San Pablo, 2002.


10 LA SAGRADA BIBLIA. Traducida de la Vulgata Latina al Español. Félix Torres Amat. Obispo de Astorga. Editorial Sopena Argentina 1969. BIBLIA DE JERUSALÉN. Editorial Desclée De Brouwer. Bilbao 1992.